A la distancia

Por: Dra. Nadia Alvarez Mexia

¿Has sentido una conexión especial con alguien que se encuentra a kilómetros de distancia?, ¿En cuántas ocasiones has hecho una videollamada o un “chat” de horas con alguien que hace tiempo no ves en persona?, ¿Cuántas veces te sientes conectado con alguien que conociste de tiempo atrás?  En estos tiempos donde, personalmente, se me ha dificultado la posibilidad de viajar y experimentado ese acercamiento con amigos de la infancia, de la adolescencia incluyendo a mi hermana menor, la costumbre de hacer llamadas es parte del calendario semanal. Hay días, en que durante los recesos entre obligaciones de trabajo y de familia, recibo un mensaje o yo tomo la iniciativa para conectarme con alguna de estas personas. 

He aprendido a volver a tener esas largas conversaciones a veces con imagen, otras de voz y cimentar la conversación desde lo básico hasta temas de mayor profundidad en dimensiones como lo profesional o lo personal. En ocasiones siento que esta conexión, a distancia, fue provocada involuntariamente por las circunstancias, y agradezco por ello porque en la acción del diálogo entre dos personas o inclusive entre un grupo he tenido la oportunidad de aprender, de escuchar e inclusive de reflexionar sobre mi propio trayecto, decisiones, errores y aciertos. Son estas charlas, a distancia, que incluso me hacen sentirme más cercana a estas personas con las que, en muchos de los casos, me he reencontrado de una manera desprogramada, casual, ligera, pero de una profundidad reconfortante. 

Creo que tener estas conversaciones inclusive con aquellas personas que no eran considerados como “íntimos” o tener la oportunidad de platicar y consultar temas de la existencia adulta – en mi caso – con una hermana provocan el revivir pasajes de una vida pasada y vincular lo que se vivió con lo que existe en el hoy; con sus días y sus noches. He tenido conversaciones tan interesantes que me han acompañado en los últimos meses en decisiones como postularme a un nuevo trabajo, como el poner prioridades o inclusive desconectarme de la rutina profesional para disfrutar el momento. A veces considero que, si no existiera la circunstancia actual, no me hubiera permitido reconsiderar y establecer la comunicación con todas estas personas. Hace poco estuve hablando más de dos horas con una amiga de la preparatoria, y mandándome mensajes de texto, con mi hermana, por casi un día entero. ¡Y es que no es que no tenga nada que hacer! Pero la verdad, creo que nuestra rutina debe también incluir estos momentos de gozo conversacional con los amigos, con los conocidos, con los hermanos y con quien desee compartir el momento. 

Estas experiencias de comunicación también me han guiado a reconocer cómo en ocasiones damos por hecho que quienes nos quieren y nos aman, estarán esperando – sin importar el tiempo – una conexión provocada, tal vez sea así pero mientras tanto cabría la posibilidad de perder la oportunidad de reconocernos y reencontrarnos en un canal de comunicación donde el disfrute de estar conectados nos puede conducir a un momento de risas, de llanto, de intercambio, de reflexión e inclusive de discusión. Con estas experiencias, he decidido no olvidarme de esta actividad con aquellas personas que se dejen llevar porque el tiempo… ese siempre nos hará falta y nos privará – si lo permitimos – de estos momentos.  

A principios de año, me prometí, que el cariño y amor a mis cercanos estaría plasmado de más expresiones de afecto como el abrazar fuerte y prolongado, pero algunos cercanos y otros lejanos me han ilustrado que una llamada o un “chat” nos ayuda no solo a establecer un canal de comunicación sino también de cariño, de aprendizaje mutuo y de mucha diversión. 

Usted, ¿Qué ha logrado a la distancia? sin importar si son metros o kilómetros, millas o cual sea la medición de su preferencia. En mi caso creo que han sido esas conversaciones las que me han ayudado a vitalizarme, a que la distancia duela menos y que ninguna actividad pueda ser pretexto para dejar pasar un rato de charla con un amigo, con un conocido, con un familiar, con un tutor, con un padre, con tu pareja o con tus hijos. Inclusive viviendo en el mismo hogar, ¿Qué ha logrado a la distancia, de una habitación a otra? Creo que a veces, es muy válido, dejarnos llevar por esa charla… disminuyendo la distancia. Como los abuelos, los de antaño y los de ahora, que dentro de su rutina cotidiana tienen la costumbre de sacar la silla o la poltrona a la banqueta y saludar a quien pasaba, de invitar al amigo, al pariente y bajo la sombra del árbol platicar por horas con la satisfacción del momento. Y la mamá que le llama a la comadre, en rutina establecida, para saludarla, compartir la receta o exponer la queja del día o el estudiante de preparatoria, en décadas pasadas, que corría a “ganar” el teléfono estacionado en casa sin importar el servicio medido porque era el gozo de platicar con un amigo. A la distancia, hoy en día, podemos “acercar la silla” y platicar con ese alguien que nos hará sentir que la vida debe poseer la intención de vivirla, disfrutarla, de pretender desmenuzarla, de escuchar y ser escuchados.  

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