junio 14, 2024

El viacrucis de ser mamá trabajadora

Por: Alicia Mateos

Ser madre y trabajadora se ha convertido, desde hace unas décadas, en una doble jornada en nuestro país. 

En México como en el resto de los países latinoamericanos, no es fácil protagonizar el papel de mujer, de esposa, de madre y todavía salir a buscar un empleo para poder contribuir a la economía familiar. 

Aunque las condiciones de igualdad de género poco a poco han venido a desconstruir el papel de la mujer en la estructura social, falta mucho por recorrer y lograr avances más significativos. 

Sin embargo, para la gran mayoría de las mujeres de nuestro país, todas las adversidades se reducen a nada cuando experimentan la dicha de ser madres. 

Así lo expresa Fabiola Navarro Quintanar, sonorense y madre de dos pequeños, quien se califica como una mujer que siempre ha sido discriminada en muchos de sus puestos de trabajo; incluso, dentro de la misma sociedad.  

En entrevista para SUN, como parte de la conmemoración del Día de las madres y del Día Internacional del Trabajo,  la comunicóloga y experta en sistemas bancarios, advierte que el ecosistema empresarial en nuestro país no cuenta con la flexibilidad para con las trabajadoras que quieren formar su hogar y, especialmente, con aquellas que deciden ser madres. 

Así lo vivió hace unos años atrás cuando trabajaba en una firma bancaria de renombre: sus jefes inmediatos no la querían contratar al saber de su futuro enlace matrimonial. Al principio, pensó que se trataba de una broma pero todo cambió cuando le comenzaron a poner “peros” en su proceso de contratación. 

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Inegi, correspondiente a sus estudios del 2018, en México el 43.3 por ciento de las mujeres económicamente productivas cuentan con al menos un hijo. 

Esto significa que cada vez más féminas se han anexado al mercado laboral, no solo con la intención de apoyar a sus parejas en el sostén económico; también es una decisión personal para trascender en términos profesionales. 

Navarro Quintanar reconoce que alguna vez en su vida tuvo que tomar una decisión: o la familia o el trabajo.  Y es que sus tres hijos son sus pilares de vida, el impulso y la inspiración para enfrentar cualquier visitud y bajo esta premisa, no había nada que ponderar. 

La presión por cumplir ambas jornadas, la ha llevado a un cansancio extenuante que ha mermado, incluso, su misma salud. 

Esto no solo es parte de la vida de Fabiola Navarro. Es la narrativa diaria de millones de mujeres mexicanas en uno y otro lado de la frontera internacional, que tienen que sacrificar el tiempo valioso con su familia por obtener un recurso que permita proveerles una vida más digna. 

 De hecho, se ha convertido en parte de la cultura de nuestro país: la obligación exclusiva de la mujer el de procurar a los hijos y el oficio en el hogar sin remuneración de salario, dejando a un lado la responsabilidad bipartita entre los esposos. 

“Dejé de luchar entre la responsabilidad de mi hogar y mi trabajo. Luego se presenta un problema de salud con mi mamá quien es quien me cuidaba a los niños. En esa parte tuve que renunciar por ese motivo. A veces tienes que ponerlo en la balanza”. 

Sin embargo, sus intenciones de regresar al ámbito laboral nunca cesaron. En el término de unos meses de haber renunciado a su puesto laboral, volvió a buscar otra oportunidad; ésta vez uno con menos trabas al momento de candidatear para un puesto: el equilibrar sus horarios de trabajo con los de sus casa. 

Y llegó ese trabajo, aparentemente tranquilo. Sin embargo y pese a que todo marchaba bien, al cabo de unos meses se convirtió en la gerente de dos plazas, con más obligaciones pero con el mismo salario y prestaciones-.

“Debí haber recurrido a derechos humanos por sobrecarga de trabajo. Tan abusada laboralmente me sentí, que se esfumaron mis ganas de trabajar”, explicó.  

Por si fuera poco llegaron dos eventos que marcaron su vida: la muerte de su mamá y la llegada de la pandemia. La tristeza por el sensible fallecimiento minaron más su entusiamo, mientras que las oportunidades de trabajo desaparecieron abruptamente, sin previo aviso. 

Y así han pasado los meses pandémicos: más exigentes para los perfiles laborales.  

 “Aunque mandas todos tus papeles y cumples con todos los requisitos, las empresas no te contratan”. 

Fabiola, de 50 años, asegura que la edad se ha convertido en otra cortapisa laboral entre las mujeres económicamente productiva, pues han observado ese mismo tinte de discriminación por considerarlas -en los trabajos- como “gente mayor en vías de jubilación”. 

Aunque existen dias sin certidumbre ni esperanzas de encontrar un trabajo digno y bien remunerado; con la pandemia todavía a cuestas y con la discriminación laboral en las mujeres, Navarro Quintanar no deja de buscar, de insistir, de prepararse profesionalmente, de atender a sus hijos en las clases virtuales, de velar por sí misma para poder subsistir en este nuevo mundo que nos ha traído la peste contemporánea. 

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