Y volver, volver, volver… Al México lindo y querido

Por: Marco Luis Patiño

“Qué triste se encuentra el hombre cuando anda ausente, cuando anda ausente y muy lejos de su patria”. Suena esta triste canción en cualesquier esquina de una ciudad estadunidense y se atoran las lágrimas en miles de gargantas.

Los recuerdos se van sucediendo: el pueblo con sus gentes buenas, los buquis bichicoris chapoteando en los canales de riego o en el río, la plaza atiborrada en los domingos, las iglesias llenas de fe y  esperanza, el olor de la tierra regada por las pipas, los días de muertos oliendo a gladiola y cempasúchil, los “¡Viva México!” un festivo 15 de septiembre.

El mariachi canta los alegres sones y el corazón se hincha de orgullo patrio: las canciones de José Alfredo y Juan Gabriel que todo mexicano canta, y el Son de la Negra que todo mundo baila. “¡Zapátellenle compadre!”

Todo esa festividad que nunca será igual acá en gringolandia  que tras el muro fronterizo donde viven los nuestros en su casitas pintorescas y  en donde yacen los padres o parientes idos en los panteones colmados de tumbas surrealistas.

– “¡Oh, tierra del Sol! Suspiro por verte”

Y entonces hay que trabajarle duro en las pizcas de vegetales, limpiando residencias, cortando césped, paseando perros, lavando trastes en restaurantes gourmets, chofereando taxis, arreglando tuberías, pintando paredes, pegando ladrillos; para ahorrar lo que se pueda y lanzarse al terruño cada que se pueda y tenga.

Son 36 millones de corazones tricolores latiendo de este lado por la suave patria, el 10% de la población total en Estados Unidos, y de los cuales 4 millones los que -en tiempos de no Covid- vuelven cada año a tierras mexicanas para pasar por lo menos una de las múltiples festividades.

Vuelven para las fiestas del santo patrono del pueblo, para navidades, para el veraneo en playas, para dar el grito, para día de muertos, para las bodas o quinceaños de familia, para abril o para mayo, por el puro gusto y porque el terruño los jala.

Pese a la pandemia y las medidas protocolarias, este año se espera que al igual que en 2020, ingresen por lo menos 400 mil nostálgicos paisanos a México para irse disgregando desde la frontera norte y noroeste hacia algunos de los pueblos o ciudades que los vio nacer. 

– “Me voy a Estados Unidos, a buscar manutención; adiós mi patria querida, te llevo en el corazón”

Es que emigrar a los yunaites no es por mero gusto, sino porque el hambre es muy canija y las parcelas de los ejidos ya no sale trabajarlas, y además porque deste lado del primer mundo pagan por hora y en dólares.

No le aunque el desprecio, ni que lo vean a uno de reojo y con desconfianza, ni deambular casi a escondidas cuando no se tienen papeles porque hay que estas buzos con la migra.

Y es que quién que se vino para acá no tenía la ilusión de juntar unos dolaritos para construirle una mejor casa a la jefecita o a la mujer que se dejó con hijos. Se viene uno para mejorar, para progresar, sufriéndole bonito con tal ayudar a los seres queridos.

Se dice en las noticias que aún con la crisis mundial que pegó también severamente en los Estados Unidos de América, las remesas de paisanos sentó un récord  de los 40 mil millones de dólares en 2020 y que en este 2021 podrá ser similar o superado, pues a la fecha ya van 24 mil millones de dólares que reforzaron la economía mexicana.

Depósitos de a 339 dólares por cabeza para ayudar a 10 millones de familias mexicanas que se la han visto duras con el Covid , ya porque perdieron el trabajo, ya porque enfermaron, ya porque se les acaban los ahorros o para darle un funeral digno al que se muere.

– “México lindo y querido, si muero lejos de ti; que digan que estoy dormido y que me traigan aquí”

Qué mexicoamericano no sueña con ser enterrado en el suelo original, al compás de una banda, un mariachi o un grupo norteño que se la rife con uno de esos sentidos corridos que suenan a nostalgia y lo hacen a uno chillar. 

Se podría elaborar una playlist de cientos de canciones que nos recuerdan a la entrañable patria y musicalizar las  biografías de todos y cada uno de los que emigraron y siguen emigrando para vivir el sueño americano.

Apenas en 2019, poco más de 200 mil mexicanos intentaron cruzar la frontera de México-Estados Unidos buscando mejor suerte y en 2020, pese al Covid, la cifra alcanzó los 184 mil.

A los que más bien les va y están ya nacionalizados, quizás podrán retirarse con una buena pensión y pasando los 70 volverán al terruño para descansar en la casita o residencia que se fue construyendo para tal ocasión.

A lo que más mal les fue, volverán ya repatriados o por voluntad propia porque les ganó el orgullo y no pudieron adaptarse a la tierra extraña, o por el apego a la familia o al amor que se dejó por mientras.

Antes como ahora, y quizás mañana, mexicanos vendrán y volverán para regenerar ese círculo de suerte o destino para “recuperar” en presencia migratoria el territorio que hoy ocupan California, Nevada, Utah, Nuevo México, Texas, Arizona y Colorado.

Tan solo en Arizona viven 1 millón 7 mil mexicanos provenientes de toda la república mexicana, el 24% nacidos en Sonora, y muchos de ellos cruzan tan frecuentemente como pueden para no olvidarse de su tierra.

“Por eso digo paisanos: regresen a sus hogares; y amor, ternura, y dinero, les den a sus familiares”

(Con datos del Consulado Mexicano en Arizona, Segob, Banco de México y las citas en cursivas son extractos de canciones populares)

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