abril 20, 2024

Vivir sin ver: Yo tengo, yo soy.. ¡Yo puedo!

Por: Marco Luis Patiño
Foto: Héctor Martínez

Antes de perder la vista, Héctor Martínez “veía sin ver”. A sus 39 años su sistema inmunológico estaba tan debilitado que adquirió retinitis por citamegalovirus, y su vida cambió por completo.

“Fue algo muy difícil, sentí mucha tristeza, depresión, frustración y tanto coraje, que ese mismo coraje me impulsó a decirle al doctor: ¿qué sigue?”, recuerda emocionado.

Lo primero que hizo Héctor, aún cuando no superaba el duelo de ya formar parte de la población etiquetada como “discapacitada”, fue inscribirse en una escuela de perros guías para capacitarse y dejarse guiar por una perra, pero sólo durante ocho meses. “No me adapté”, acepta sin culpa.

Lejos de darse por vencido, buscó otra alternativa y la encontró con un grupo de atletas altruistas autodenominados “Corriendo por sonrisas”, quienes lo entrenaron para correr en competencias de atletismo, obviamente acompañado por uno de ellos. A la fecha y ya con 48 años, Héctor lleva acumuladas más de 200 participaciones y cinco medallas: Un primer lugar en 10 kilómetros (2017), otro primer lugar en un maratón (2018) y uno más en un triatlón (2019), éste último del que se siente más satisfecho.

Pero además de descubrirse atleta de alto rendimiento, ahora también es masajista terapeútico capacitador de perros guías,  aprendió lenguaje braille, domina el teclado de una computadora y el uso de diversas aplicaciones que le permiten el manejo de sus propias redes sociales. La cereza de pastel es que a través de la fundación “Ojos que sienten”, fundada por la anglo mexicana Gina Badenoch, fue certificado como todo un sommelier profesional.

“VIVIR SIN VER”

Antes de quedarse ciego, nuestro personaje laboraba como administrativo en una empresa de manejo de valores y confiesa que su vida era un tanto rutinaria, con la única expectativa de ir ascendiendo en su trabajo. En lo personal, confiesa que: “Parecía que todo estaba bien, pero en realidad estaba como confundido. No entendía mucho sobre lo que vivía todos los días, no le daba el valor que ahora si entiendo. Vivía inconsciente. Vivía sin ver”.

Y sí, él es de esos casos en que la discapacidad lo ayudó a descubrirse más vital y experimentar vivencias que antes no se hubiera imaginado. En la actualidad sigue laborando como administrativo para el Gobierno de la CDMX, en el área de Medicina del Deporte, pero ya con la sensación de plenitud, aprendizaje y crecimiento.

No hay una fórmula exacta para darle un giro positivo al hecho de quedar en situación de discapacidad física, visual o psicomotora, dice Héctor, pero que se requiere de esa palabra mágica llamada “voluntad” para salir adelante.

“Recuerdo que cuando apenas veía con un ojo, y de manera muy velada, vi la película sobre  Juan Salvador Gaviota, y se me quedó grabada una frase de la misma: Cuando rompas las cadenas de tu mente, romperás las cadenas de tu cuerpo”, finaliza así la entrevista.

Inteligencia Emocional + Autoestima+ Resiliencia

Lo que Héctor resume en “voluntad” para adaptarse a una discapacidad sobrevenida, es decir, no adquirida desde el nacimiento; los psicólogos sociales lo desglosan en una suma de Inteligencia Emocional (IE), Resiliencia y Autoestima.

La Inteligencia Emocional  entendida como la capacidad de reconocer los sentimientos y emociones, tanto propios como las ajenos; la Resiliencia como la habilidad de transformar las circunstancias adversas en nuevas oportunidades para crecimiento personal, y la Autoestima como la autoevaluación que tiene una persona sobre sí misma.

De tal forma que si una persona con discapacidad sobrevenida por determinada circunstancia; en vez de  instalarse en el shock traumático de su nueva condición y desarrollar trastornos, buscará aprender e incluso beneficiarse ante tal experiencia.

En un estudio titulado Inteligencia emocional, Resiliencia y Autoestima en personas con

discapacidad física y sin discapacidad, desarrollado en 2018 por la psicóloga Magdalena Gómez y la enfermera María Jiménez, concluyeron que:

 “Las personas con discapacidad física presentan unos niveles adecuados de inteligencia emocional en sus diferentes dimensiones, desarrollando estrategias de afrontamiento que les permiten hacer frente a dichas dificultades”, aunque advirtieron: “la autoestima de las personas con discapacidad física,

se ve mermada por la baja percepción de control independiente”.

En otro estudio realizado por la psicóloga social Raquel Suriá Martínez, Resilencia en jóvenes con discapacidad, se llega a la conclusión que es medianamente más fácil desarrollar resiliencia para quienes viven en condiciones de discapacidad desde su nacimiento, que para aquellas que la adquirieron en alguna etapa posterior de su vida.

Esto se explica porque siéndolo desde el nacimiento,  un individuo discapacitado va adaptándose y normalizando su condición; mientras que aquel que la adquirió posteriormente en alguna etapa de su vida, desarrolla un mayor nivel de desajuste emocional al comparar su vida de antes con la de después del suceso traumático. 

Otra investigadora sobre el tema, Edith Grotberg, descifra las tres características básicas que debe tener una persona para afrontar una adversidad como la discapacidad, en tres expresiones: yo tengo, referente al apoyo que recibe el afectado; yo soy/estoy, que tiene que ver con la fortaleza mental y emocional con la que se cuenta; y yo puedo, que versa sobre las habilidades para relacionarse y resolver problemas.

Los juegos paralímpicos, plagado de resilientes.

Tan solo en los Juegos Paralímpicos Tokio 2020, que desarrollarán a partir del 24 de agosto de este 2021 por la  afectación de la pandemia Covid 19, participarán un total de 4 mil 400 personas con algún tipo de discapacidad para competir en un total de 22 disciplinas deportivas.

Estos deportistas representan los más inspiradores ejemplos para aquellos individuos que nacen o adquieren dicha condición, y que desean y tienen posibilidad de trascender en cualquier área del desarrollo humano.

Será interesante entonces ir conociendo la semblanza de todos estos héroes mundiales que decidieron darle sentido a su existencia a través del deporte olímpico y que derribaron obstáculos sociales, físicos y emocionales para aspirar a subir al podium de medallas.

Un ejemplo también para quienes no vivimos en condiciones de desventaja por alguna incapacidad física, visual o psicomotora, pero que en un determinado momento necesitamos aceptar y sacarle provecho a circunstancias aparentemente adversas: para autoconocernos, redescubrirnos y seguir experimentado la felicidad de estar vivos.

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